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Liderazgo con Propósito, Rick Warren – Resumen

Escrito por Javier Herrera, estudiante en Universidad Cristiana Logos

Es mi opinión que Rick Warren marca una etapa de renovación en el concepto y práctica de tres áreas fundamentales en el crecimiento y desarrollo de la iglesia: primero, la iglesia misma (Una iglesia con propósito); segundo, las nuevas generaciones de personas y su sentido de la vida (Una vida con propósito), y tercero, el liderazgo (Liderazgo con propósito).

Un liderazgo bueno y fuerte; eso es lo que más necesita el mundo hoy. Así introduce el autor sus lecciones de liderazgo basadas en el libro de Nehemías. Podemos afirmar lo mismo al hablar de la iglesia y de las nuevas generaciones: una iglesia buena y fuerte y unas generaciones buenas y fuertes, es lo que el mundo necesita hoy. El resultado, lo dice la Biblia: “… cuando el gobernante es entendido, se mantiene el orden” Prov. 28:2b NVI. Esto significa que necesitamos personas dispuestas a reconocerse como líderes, y listas para aprender y practicar los principios bíblicos de liderazgo, aceptando a su vez el desafío.

Comienza con visualizar el alcance de su liderazgo cuando se presenta una eventualidad, porque “todo se edifica o se derrumba según sea el liderazgo”. Hay muchos ejemplos de ello alrededor del mundo, como también en la Biblia; tanto fue el desastre en el liderazgo de Israel que el último versículo del libro de Jueces lo resume así: “en aquella época no había rey en Israel; cada uno hacia lo que le parecía mejor” (Jue 21:25 NVI) Y la consecuencia fue, y lo es hoy, la inestabilidad.

Definición de líder

La Biblia define al líder como alguien que tiene capacidades dadas por Dios y la responsabilidad de influir sobre un grupo de creyentes con el fin que se realicen los propósitos de Dios para con ese grupo. Entonces, el liderazgo es influencia, y la prueba de ejercerlo es si alguien le esta siguiendo; es algo que no se pide ni se obliga, se genera por sí solo, se inspira, y no hay que recordárselo a las personas, porque su fundamento es el carácter y la credibilidad, no el carisma. El carácter es lo que somos cuando no nos están mirando, y cuando una persona carente de él llega a una posición de liderazgo, provoca su caída. Por otra parte, Dios quiere usar nuestra personalidad, tal como él la creó, pero el liderazgo no es cuestión de personalidad, es cuestión de carácter. La personalidad es algo que no se puede imitar. Así como Pablo era colérico, Pedro era sanguíneo, Moisés era melancólico y Abraham era flemático, cada uno era único y con diferentes rasgos de carácter que los llevaron a diferentes estilos de liderazgo.

Un buen líder tiene un mensaje, un estilo de vida y una fe dignos de recordar. Así fue Nehemías; él era el copero del rey, un hombre común y corriente que hizo cosas extraordinarias para Dios porque tenia carácter. Al recibir las noticias de Jerusalén, su sensibilidad ante las necesidades de la gente, rasgo vital de un líder, se hizo evidente. Dada la condición de Jerusalén, los habitantes estaban indefensos por causa de la destrucción de los muros; aunque habían reconstruido el templo, estaban viviendo en medio de los escombros, su moral estaba por el suelo, se sentían derrotados, desalentados y deprimidos. ¿Qué hace falta en un momento así? Hace falta un líder.

Oración

Nehemías también era digno de confianza del rey, y siempre estaba dispuesto a servir; estos, sumado a su carácter, personalidad definida y permanente deseo de aprender, completaban los rasgos propios que hacen a un líder. Pero aún hay más, Nehemías llevaba una vida de oración. Es lo primero que él hizo por su gente y es lo que siempre hacía antes de cualquier acción. El significado de su nombre, Nehemías “el Señor es mi consuelo”, reflejaba su vida íntima con Dios, su dependencia de Él y la constante liberación de Su poder a través de su vida. Su oración nos enseña cuatro cosas: basaba su petición en el carácter de Dios, confesaba el pecado que había en su vida, reclamaba las promesas de Dios y era especifico, concreto. Un líder, como Nehemías oraba y nos orienta a orar, primero, con convicción, reconociendo quién es Dios; segundo, confesando quiénes somos delante de Dios; tercero, con seguridad, esperando que Dios haga lo que ha prometido; con compromiso y disposición para Él y Su voluntad.

Habiendo orado, Nehemías hizo planes. Él había recibido las noticias de Jerusalén, cuatro meses antes de ir ante el rey, por eso al hacerlo, pudo responder con seguridad, porque aprovechó este tiempo para orar y planear. Como un líder lo debe hacer, pensó en todos los detalles, seguro se preguntaba ¿Dónde estoy? ¿Dónde quiero ir? Y ¿Cómo puedo llegar allí? Su clave era, si no planeo para tener éxito, planeo para fracasar. Nehemías se preparó para las oportunidades, e ir ante el rey era una de ellas, pero le era necesario llegar con una meta de lo que quería lograr, por eso él se preguntaba ¿Qué quiero ser? ¿Qué quiero hacer? Y ¿Qué quiero tener? A sus preguntas, el rey, con preguntas, completaba su plan: “Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo regresarás? -me preguntó el rey, que tenía a la reina sentada a su lado. En cuanto le propuse un plazo, el rey aceptó enviarme” (Neh 2:6). Sin una fecha límite, una meta no es meta, solo un deseo. El establecimiento de fecha límite es la parte de la planificación.

Imprevistos

Pero había algo más, para prever posibles problemas en el camino, Nehemías lo tenía todo pensado, ¿Qué me podría detener? ¿Qué podría salir mal? Eso es prudencia, una cualidad del líder, y Nehemías hizo buen uso de ella pidiendo cartas para los gobernadores, pues necesitaba el camino despejado para llegar hasta Judá. Sigue ahora la consecución de recursos; un líder no debe hacerlo todo, puede pedir ayuda. Si Nehemías comenzó su plan orando a Dios, y pidió Su ayuda confiando que se la daría, pues Dios le respondió con un plan efectivo de principio a fin (“El rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor” – Neh 2:8). Dios le proveyó madera, protección y las personas que han de participar en el proyecto; lo más importante, le proveyó Su compañía porque estaba dispuesto a Su voluntad, porque confesaba “Dios está conmigo”, entonces juntos colaboraban en el logro del plan. A Dios le corresponde la soberanía y a nosotros nos corresponde orar, planificar y estar preparados.

Motivación

Nehemías llegó al lugar, y en cuestión de días había conseguido el apoyo de toda la ciudad. Formó equipos, los movilizó y logró que el muro estuviera reconstruido en cincuenta y dos días. ¿Cómo logró el éxito donde otros habían fracasado? Nehemías no era solo un gran líder; él comprendía los principios de la motivación. Nehemías, como líder, nos enseña cómo motivar a otras personas: primero, se espera oposición (él la tuvo con Sambalat -2:10). Segundo, espera el momento oportuno (llego a Jerusalén, pero esperó tres días después de llegar -2:11). Tercero, evalúa la situación real (en secreto inspecciona las murallas -2:12-13). Cuarto, se identifica con su gente (se identificó con la gente, sin culparlos, animándolos a trabajar juntos -2:17-18). Quinto, no oculta la seriedad del problema siendo sincero en su mensaje; deja que sus emociones lo conecten con la gente para que también ellos se enfrenten a una realidad. Aquí la mayor motivación no era la externa sino la interna -2:17). Sexto, exige una repuesta específica; al escuchar a Nehemías, “todos exclamaron ¡Manos a la obra! Y unieron la acción a la palabra” – 2:18). Séptimo, los anima con su testimonio personal, explicándoles cómo Dios lo había llamado a hacer esa obra junto con la gente -2:18). Octavo, responde a la oposición con rapidez y firmeza, declarando por las Escrituras lo que Dios ha prometido, manteniendo su motivación en la realización de un proyecto guiado por Dios y enfrentando con palabras poderosas al enemigo: “… ustedes no tienen arte ni parte en este asunto, ni raigambre -seguridad, consistencia, estabilidad-, en Jerusalén” -2:20).

Ejecución

Es hora de ejecutar el proyecto. Nehemías tenía un plan enorme, pero para organizarlo tenía un plan sencillo; lo que hizo fue ver cómo estaba ya agrupada la gente, organizarla de acuerdo con esto e involucrarlos a todos, motivándolos, formando equipos, promoviendo la unidad, delegando funciones, asignando tareas pequeñas con descripciones especificas y cuidando que cada persona realice aquellas que se acomoden a sus capacidades.

Además de lo anterior, Nehemías administraba el proyecto; él mismo inspeccionaba las obras y nombraba supervisores que lo ayudaran a controlar y dirigir.

Nehemías aplico dos principios claves del liderazgo: primero, las buenas organizaciones establecen líneas de autoridad claras, y segundo, la gente hace lo que uno inspecciona; no lo que uno espera. Nehemías conocía a toda la gente por sus nombres, y les agradecía por su servicio. Es la señal de un buen líder. Igualmente, fue un líder que enfrento a sus oponentes, los respeto, pero los enfrento; a pesar de esto, no abandono su lugar, sino que aprovechó esto como una oportunidad para reafirmar a la gente, y ofrecerse como un modelo de perseverancia para ellos. La perseverancia es la prueba máxima del liderazgo.

Resolución de conflictos

Pero a pesar del esfuerzo de Nehemías, no todo fue armonía entre la gente durante el proceso de desarrollo del proyecto. Se presentaban conflictos entre ellos, y los conflictos sin resolver detienen cualquier obra y más, la obra del Señor. Cuando Nehemías y el pueblo llevaba semanas trabajando apareció el primer problema interno: abandonaron las huertas y por tanto la comida comenzó a escasear, habían pignorado las casas, campos y viñedos, tenían una carga tributaria implacable, y estaban vendiendo a sus hijos como esclavos para sobrevivir. Los judíos se estaban explotando unos a otros, peleando unos contra los otros y familias contra familias.

Nehemías sabía que tenía un serio problema en las manos. Para solucionar el conflicto, era necesario una actitud, a veces inesperada, enojarse. Nehemías se enojó; eso llamó la atención de la gente. Luego, él reflexionó, pero también reprendió a los nobles, gobernadores y confrontó en privado a quien fue necesario. A cambio, en público se enfrentó a quien en público se opuso a él. Después de resolver el conflicto, Nehemías guió al pueblo, con su ejemplo, a retomar el trabajo, y lo hizo trabajando junto a ellos. Cuando pidió al pueblo de Jerusalén que reconstruyera los muros, salió con ellos a trabajar; cuando les pidió que oraran, ya él había estado orando; cuando les pidió que trabajara de noche y de día para acabar el trabajo, él también se quedaba de pie noche y día trabajando; cuando les pidió que ayudará a los pobres, ya él lo estaba haciendo.

Tentaciones en el liderazgo

En cuanto a los gobernadores de Judá, su poder se vio reflejado en dos vías: quienes hicieron buen uso de su liderazgo y quienes no lo hicieron. Los que estuvieron antes de Artajerjes, hicieron mal uso de su poder, privilegios y posiciones para favorecer sus propias ganancias egoístas. Esto da enseñanzas importantes en torno a las tentaciones que puede tener el ejercicio del liderazgo.

Para evitar esto y mantener la integridad, Nehemías nos enseña con su ejemplo a mostrar más interés en agradar a Dios que en agradarse a si mismo, a desarrollar mucho amor por la gente y buscando que lo que haga tenga recompensa eterna. Nehemías era un hombre decidido y estaba consagrado para Dios y comprometido con la labor que Él le había encomendado.

Dios llama a la fidelidad

Son seis cualidades de un líder al servicio de Dios: decisión, consagración, compromiso y obediencia, con total sinceridad y transparencia. Como cita el autor 2 Co. 5:11-12 “Por tanto, como sabemos lo que es temer al Señor, tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos, y espero que también lo sea para la conciencia de ustedes. No buscamos el recomendarnos otra vez a ustedes, sino que les damos una oportunidad de sentirse orgullosos de nosotros, para que tengan con qué responder a los que se dejan llevar por las apariencias y no por lo que hay dentro del corazón”.

Concluimos que Dios no llama al éxito, llama a la fidelidad. El día cincuenta y dos, las murallas fueron restauradas. A pesar de quienes se les opusieron con distracciones, difamación y presión, Nehemías y su gente siguieron trabajando; él sabía que, si le ponía atención a eso, el proyecto se retrasaría. Es más, con aparente buena intención, en secreto fue avisado por un falso profeta que su vida corría peligro, pero era una estrategia para intimidarlo y así suspender el proyecto. Dios le dejó saber que esos consejos no venían de parte de Él y como su lema era “mantener como principal, lo que es principal”, no se escondió y no abandonó el trabajo.  A un líder, el miedo no le puede permitir quebrantar lo que Dios determina. La forma como un líder se enfrenta a esos miedos, a esos ataques personales, determina la clase de liderazgo que tiene.

Elementos para un buen líder

Una de las lecciones básicas de Nehemías es que los líderes son esenciales en todo proyecto, y para avanzar en el proyecto que se les asigne, necesitan cuatro elementos: el primero, y clave, un propósito que los impulse: una causa, una visión, un sueño, un objetivo, una meta. Segundo, una perspectiva clara: Nehemías tenía un discernimiento increíble y el don que Dios le dio le ayudó a descubrir lo que se proponían quienes aparentemente querían hablar con él y aconsejarlo; asimismo un líder necesita tener percepción, sabiduría, para discernir cualquier cosa que lo distraiga del propósito. Tercero, una vida de oración continua: podemos calificar a Nehemías como un adicto a la oración y un líder asimismo debe disfrutarla. Cuarto, una perseverancia intrépida, una capacidad y tenacidad para seguir adelante haciendo lo que Dios desea que se haga. Para un líder, el valor no consiste en la ausencia del temor, sino en seguir adelante a pesar del temor. Un líder siempre recuerda que la gente grande no es más que gente común que hace un gran compromiso con una gran causa.

Administración del proyecto según el tipo de líder

Nehemías ha hecho el trabajo asignado, ahora es tiempo de consolidar lo realizado. Si hablamos de organizaciones, el hacer esta transición, de construir a consolidar, le puede llevar a la quiebra. El proceso de transición requiere poner en practica distintas habilidades de liderazgo lo que hace distintos tipos de líder. Un líder, a quien el autor llama catalizador, es el que pone en movimiento el proyecto, es el diseñador, el motivador, el emprendedor; otro, a quien el autor llama el consolidador, es el desarrollador, es el administrador. Nehemías era un líder del primer tipo. Sabía cambiar de responsabilidades. Cuando terminó de restaurar los muros dejó su cargo como constructor para ser administrador, donde requería un conjunto de habilidades completamente diferentes de las que había utilizado hasta el momento, y él estaba preparado.

Ahora, para mantener lo que había logrado llega el momento de la transición de catalizador a consolidador. Primero contrató personal, nombró tres clases de líderes: Porteros, Cantores y Levitas. Nombró a su hermano Jananí como alcalde de Jerusalén y Jananías como comandante de la fortaleza. Tanto ellos como los otros líderes fueron escogidos por tres características, eran íntegros, piadosos y fieles. Luego les describió su cargo, asignando responsabilidades y funciones concretas. Además de contratar personal, Nehemías llevaba un registro del progreso del proyecto tanto en lo económico como del personal; hizo un censo incluyendo sus genealogías y proyectó la repoblación de la ciudad. Tercero, él pidió ayuda económica para terminar la restauración del templo; primero contribuyeron los líderes, siendo el gobernador quien más dio, no para ufanarse sino para ejemplo. Segundo, las cabezas de familia y tercero, todos los demás.

Características de un buen liderazgo

Podemos resumir en ocho características el liderazgo de Nehemías, y que son de gran ejemplo para el liderazgo en general:

  • Primero, compasión por la gente, como fruto del amor. 
  • Segundo, oración y meditación a solas con Dios, lo que determina la eficacia del liderazgo en público.
  • Tercero, actitud positiva en todo tiempo, sin importar las circunstancias adversas alrededor.
  • Cuarto, concentración en la meta, para evitar las distracciones que el enemigo pone en el camino.
  • Quinto, creatividad a la hora de resolver problemas, o de enfrentar nuevos desafíos. 
  • Sexto, valor, que no es ausencia de temor, sino el seguir adelante a pesar del temor.
  • Séptimo, integridad, rechazando cualquier beneficio a su favor, manteniendo su conciencia limpia.
  • Octavo, fuertes convicciones para realizar el trabajo sin que sus valores y principios sean vulnerados.

Responsabilidades del líder espiritual

Finalmente, lo que Nehemías reflejaba en su liderazgo, es lo que Jesús reflejaba en el suyo; sabía ser un líder al estilo de Jesús. Aunque vivió antes de los tiempos de Cristo, y aunque nunca conoció al apóstol Pablo, Nehemías entendía que la fe, la esperanza y el amor son los ingredientes secretos del líder eficaz.

Nehemías, como Jesús, nos dejan siete responsabilidades de un líder espiritual:

  1. Ellos ayudaban a la gente a conocer mas a Dios
  2. Les enseñaban la Palabra de Dios
  3. Oraban por ellos
  4. Les infundían su carácter
  5. Protegían su crecimiento espiritual
  6. Los enviaban para que sirvieran a Dios
  7. Fueron modelo de compromiso.

Este último, así como la vida de Nehemías y por supuesto la vida de Jesús, establecen el fundamento del propósito de Dios para nuestra vida y especialmente de nuestro liderazgo. Es una motivación para comprometernos a conocer y amar más a Dios (adoración), aprender a amar más a los demás en comunión (compañerismo), a crecer en un carácter semejante al de Cristo (discipulado), a ser un servidor en la vida y no solo un aprovechador (ministerio), a servir a los demás desinteresadamente (servicio), y a compartir las buenas nuevas (evangelismo).

Todo lo anterior es un proceso, y nos falta muchísimo por cumplir, pero al final llegaremos a sentirnos dignos líderes servidores de Dios, identificados por una cualidad: tener el atractivo de un corazón entregado completamente a Dios. Esto es consagración. Nos unimos a la oración del autor: “Danos un corazón que palpite al mismo ritmo que el tuyo, Señor, cuando tratemos de convertirnos en líderes capaces de cambiar las cosas en la vida”.

Author: Logos Empresarios

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