EL AUGE DE LAS REDES VIRTUALES Y/O SOCIALES Y LA COMUNICACIÓN

EN EL CONTEXTO DEL COVID-19 PARA EL QUEHACER MISIONAL

El presente escrito nace tanto como una reflexión personal como mi resumen del Curso Doctoral “Ministerio y Comunicación Moderna”. A la vez, debo confesar que la materia me dejó muchas inquietudes y muchas interrogantes sin resolver, que, sin embargo, ello me llevó a plasmar las siguientes ideas con el fin de encontrar algunas respuestas que bien me vendría para mi propia praxis ministerial y sobre todo cómo asumir el compromiso de hacer el mejor uso de los medios sociales, tecnológicos y virtuales que Dios nos permite usar con el fin de llevar a cabo la Gran Comisión “hasta lo último de la tierra”. Así que, mi acercamiento es netamente desde la lupa de un pastor en ministerio y presenta mis observaciones sobre lo que estamos experimentando actualmente.

El curso (durante y después) me generó muchos pensamientos y muchas emociones. Los pensamientos allí expresados son resultados de mi lectura y conclusión no exhaustivos, pero que, en fin, me permiten plasmar ideas para luego trabajarlas en un futuro no muy lejano. Además, son reflexiones cargadas de situaciones propias de nuestro continente en el ámbito evangélico contemporáneo. A ello apunto.

Los últimos dos meses nuestro mundo ha tomado un giro en cuanto a comunicación, al uso de la tecnología, a uso de las redes sociales sin precedentes. Ha sido realmente un verdadero despertar de los medios en todas las esferas. Todo ello se debió a una pandemia que ha sacudido al mundo entero. Nadie la vio venir. Nadie la esperaba. Nadie imaginaba su impacto. Nadie, es que, nadie pensaría lo que ocasionaría. En palabras de Jhon Lennox: “Nos cuesta comprender que esta pandemia tenga el potencial de ser la peor que se ha visto hasta ahora, y que posiblemente todos nuestros cálculos actuales de su impacto se quedarán cortos ante la realidad. Pareciera que su dimensión y alcance salieron de una película de ficción. Y, sin embargo, es algo que está sucediendo actualmente”[1].

Esta noticia, esta realidad, esta crisis, es sin duda, la razón por la cual el mundo virtual y la realidad de las redes sociales están en su mayor apogeo como nunca antes se ha visto en su historia. Y ser testigo de esta serie de movimientos virtuales, donde las enseñanzas, las clases de todo tipo, las predicaciones cristianas, los conciertos, y, sobre todo, las prácticas en las iglesias evangélicas en el mundo entero, todo ello en las plataformas virtuales, sin duda nos ha dejado impactados a todos.

Ahora bien, el auge de ello sorprende, preocupa y asusta. Estamos inmersos en una nueva forma de relación personal, de comunicación y de interacción. Una nueva tecnológica en etapa de crecimiento exponencial que cambia en pocos años, meses, semanas y hasta días la forma de comunicación. Es que, ¿quién lo diría? Lo que muchos ignoraban, o rechazaban, o incluso satanizaban, hoy por hoy se ha vuelto tendencia. Y, nos guste o no, aceptémoslo o no, ya ello se ha constituido en un fenómeno y consumo de masas cada vez más importante en nuestro medio.

Lo primero que me llamó la atención fue una nota del sílabo de la materia en su descripción que afirmaba que: “El líder guiado por el Espíritu debe involucrarse en métodos modernos…”[2]. No tenemos que referirnos a tantas décadas, pero años atrás eso no era el mensaje ni la premisa. En mi recorrido por el mundo todavía veo todavía iglesias que no conciben la unción del Espíritu Santo con los “métodos modernos”.

En una de las lecturas del curso me llamó la atención el aporte de Roberto Salem quien presenta un desafío digno de pensar. Él plantea lo que él mismo describe como los cinco (5) grandes retos de liderazgo del siglo 21. El segundo desafío que plantea tiene que ver con “Tecnología e Innovación”. Aclara que “los líderes necesitan comprometerse y apoyar la implementación de estrategias de manejo tecnológico como un medio para lograr una mayor competitividad global”[3]. Sin duda que en nuestro quehacer ministerial este desafío nos debe concientizar a “innovar” en nuestra praxis de cumplir nuestro cometido de la Misión de Dios, sin perder de vista lo medular. Es triste ver que el mundo va viajando en tren bala y la Iglesia del Señor en caballo. Asumo que tal realidad cambiará post coronavirus. Estoy convencido que ello no será una utopía.

El curso abarcó mucho acerca de la comunicación moderna. Tanto los videos, las clases magistrales, los artículos, etc. abarcaron un mundo de insumos. Para nadie es secreto ni nada nuevo que la comunicación es la transmisión verbal o no verbal de información (mensaje) entre un individuo que quiere expresar alguna idea y otro que desea recibirla. Desde sus orígenes, el ser humano ha tenido la necesidad de comunicarse, lo que lo ha llevado a buscar permanentemente nuevas formas de hacerlo. La comunicación es una parte intrínseca de la naturaleza humana.

Es que, esta necesidad de comunicarse, la llevamos desde siempre, ya que “está edificada dentro de nuestra hechura física/biológica; nuestros sentidos de ver, escuchar, oler, tocar, y sentir son las puertas que se abren para la comunicación. Pida a los estudiantes que compartan ilustraciones para ver como el sobrevivir socialmente depende de la comunicación apropiada. La comunicación esta edificada en nuestro aparato social; nuestro sobrevivir depende de ello. El reconocer que el Adán solitario necesitaba una compañera, alguien con quien comunicarse, es parte de la historia de la creación (Gen 1:26). La comunicación está edificada en nuestra naturaleza espiritual”[4].

Ahora bien, desde la perspectiva de nuestra época, podemos decir que la comunicación ha evolucionado súbitamente en formas que eran casi impredecibles. Para muestra un botón, cuando pensamos que la televisión era el medio más efectivo por su naturaleza, de repente surge el internet cambiando todo tipo de concepción sobre las fuentes o formas de comunicación, a tal grado que hoy se ha convertido en un medio masivo por el cual no sólo podemos comunicarnos, sino también hacerlo de la forma más rápida. Actualmente, la forma de comunicarnos radica en las facilidades que la tecnología nos ofrece. Se entiende como tecnología a los medios por los que el ser humano controla o modifica con el fin de hacer más fácil el intercambio de información con otros individuos.

Reflexionar cualquier tema implica el posicionarse, y yo particularmente me posiciono como un comunicador, un ministro, un pastor, un evangelista, que no puede prescindir del uso de la tecnología en el acto comunicacional. Estamos en una época en que es imperativo el uso de los medios masivos de comunicación en su diversidad de alternativas, todas válidas, todas útiles, por cierto, con los recaudos necesarios. De hecho, mucho de ello se enfatizó en el curso.

Hoy, que la comunicación se comporta como la gran herramienta del siglo XXI, hay que manejarla con gran precaución ya que se puede utilizar con objetivos que pueden dañar a un individuo, a una familia, a una sociedad, a una nación, o incluso al mundo entero. Al respecto Umberto Eco, en uno de sus tantos ensayos magistrales sobre la cultura de masas, al referirse al papel de los medios audiovisuales como instrumento de información o el influjo de la televisión en el mundo de hoy, nombra a una parte de la sociedad como “Apocalípticos e Integrados”[5] de la cultura, siendo éstos los que impiden el progreso de las masas y por otro lado los “integrados”, quienes colaboran con la renovación cultural mediante la aparición de nuevas formas de comunicación.

El ciberespacio forma ya parte de nuestro argot diario, siendo éste el espacio virtual creado por las redes informáticas. Esta fuente de comunicación sufre cambios constantes en su estructura lo cual puede desencadenar que el proceso de comunicación no sea el adecuado o se haya roto en alguna parte del proceso. Por su parte, el suizo Ferdinand de Saussure[6], conocido como el padre de la Lingüística Estructural, dio un enfoque que ejemplifica esta falla en la comunicación: el significado que se refiere a la idea, digamos como algo físico, y el significante que es el nombre (o palabra) que se le da a esta imagen. Debido a lo globalizado y al uso incorrecto de las palabras puede romperse la comunicación.

Rev. Jean David Larochelle

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[1] Jhon Lennox: ¿Dónde está Dios en un mundo con Coronavirus? Poiema Publicaciones, 2020. P.11

[2]Sílabo del Curso, p.1

[3] Roberto Salem. Los Retos de Liderazgo Mundial del Siglo XXI. (Material de Lectura del Curso). pp. 63-64.

[4] Clergy Development. Church of the Nazarene. ¿Por qué comunicar a Cristo transculturalmente? (Manual del Maestro). Kansas City, 2007. p.33

[5] Umberto Eco: Apocalípticos e Integrados (Una serie de ensayos sobre la cultura de masas). Recomiendo su lectura.

[6] Ferdinand de Saussure. “Curso de Lingüística General”, 1916.

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