NUESTRA FE Y EL CORONAVIRUS

Hoy, no tan solo, el pueblo cristiano estamos enfrentados a esta pandemia mundial declarada por la Organización mundial de la salud; pero esto tiene un gran asidero bíblico cuando le habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. Eso fue en razón de que los israelitas son Su pueblo elegido y Él velaría por Su salud, tal como lo hará con nosotros en estos tiempos:

Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren” (Dt 7, 15).

Pero, si ellos no obedecían Sus mandamientos:

“Jehová traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella” (Dt 28, 21).

Debemos recordar que en el NT, nuestro Señor Jesucristo, cuando hablaba con Sus discípulos sobre las señales del fin de los tiempos, mencionó, no tan solo las epidemias sino que también vendrán calamidades como señales que el tiempo del fin se acerca. Así que no deberíamos dejarnos sorprender:

“Y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo” (Lc 21, 11).

Según cuenta Dionisio, el otrora obispo de Alejandría, el año 253 d. C. los primeros cristianos afrontaron con gran fe y esperanza una gran plaga de peste que diezmó la ciudad de Alejandría. Hoy todos o casi todos los gobiernos, a nivel mundial, están diseñando políticas de salud preventivas acerca del coronavirus para evitar un mayor contagio de ciudadanos y pos preventivos para salvar la vida ojalá de todos los contagiados vulnerables y de desarrollar cuanto antes una vacuna que sea eficaz para inocular al coronavirus. A la vez, constante y metódicamente tenemos la aplastante información masiva de los infectados y los muertos a escala planetaria.

Los coronavirus son una familia o grupo muy común de virus que afecta tanto humanos como animales, y que en los humanos puede provocar diferentes enfermedades, desde un resfriado hasta un síndrome respiratorio grave. Y lleva este nombre debido a que su aspecto es muy parecido a una corona. Existen varios tipos de coronavirus humanos, que pueden causar simples resfríos, pero en los últimos años se han descrito 3 variedades zoonóticas, que se han traspasado desde animales al ser humano:

SARS-CoV: El coronavirus comenzó en China el 2003, y afectó a más de 8.000 personas. Su mortalidad estuvo alrededor de un 10%.

MERS-CoV: El coronavirus causante del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) se detectó en Arabia Saudita el 2012, y afectó a más de 2.000 personas. Su letalidad fue de un 35%.

SARS-CoV-2: Durante diciembre de 2019 en Wuhan, China, se registraron los primeros casos de infección respiratoria grave causados por este nuevo coronavirus que fue fabricado en un laboratorio y desde esta fecha, en adelante, se ha producido decenas de miles de infectados y fallecidos a lo cual la organización mundial para la salud lo ha declarado pandemia mundial.

Síntomas. El Coronavirus comienza con tos, fiebre alta (sobre 38 grados), dificultad para respirar y dolor muscular, cansancio, dolores, goteo de la nariz, dolor de garganta, diarrea o vómito y, en casos puede ir de neumonía leves a grave graves, o falla renal; pero algunas personas no presentan síntomas. En este momento la sensación característica de la persona sin Cristo es el miedo, porque el mundo desarrollado no podrá dar ayuda ya que esos países están abrumados.

Pero se vislumbra un gran alivio que el Instituto de Investigación Migal de Israel por providencia y misericordia de Dios, ha desarrollado una vacuna oral contra el nuevo coronavirus, mutación vírica que apareció en diciembre de 2019 en Wuhan (China), que en tres meses se espera ponerla en venta.

La vacuna se basa en un nuevo vector de expresión de proteínas, que crea y secreta una proteína quimérica soluble que entrega el antígeno viral a los tejidos de la mucosa por endocitosis autoactivada, haciendo que el cuerpo forme anticuerpos contra el virus, ha dicho el jefe del departamento de biotecnología de Migal, Chen Katz. Se estima producir hasta 10 millones de dosis mensuales.

Ante tantos sufrimientos, surgen algunas preguntas:

¿Quién es el responsable de tanto desastre? ¿Hasta dónde cuándo durará? ¿Es un castigo de Dios? ¿Dios nos está probando? Así se interrogan, a sí mismos, algunos personeros religiosos.

¿Los chinos, son los culpables? Algunos hasta afirman que el virus ha sido fabricado en laboratorios especiales. La realidad es que la pandemia está casi en todo el mundo y lo sanitariamente más recomendado es aislarnos, porque el poder de contagio es altamente probable.

Pero los hijos del Señor, si estamos en obediencia, tenemos un gran guardador: la promesa, la fe y la esperanza:

“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación. No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” (Sal 91, 9-10).

¿Sirve, ante esta plaga del coronavirus, la humillación de corazón ante el Señor, el ayuno, la oración constante y con fe?

Por supuesto que sí. Pero debemos suplicar que tenga misericordia de nosotros; pero, a la vez, debemos hacerlo tan semejante a cómo lo hizo nuestro Señor Jesús, cuando oró en el Getsemaní:

“Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt 26, 39).

¡Estimado hermanos, aquí se me caen las lágrimas!

Creo que ha llegado el tiempo de renunciar a nuestra voluntad y disponernos incondicionalmente ante Su perfecta voluntad que es la máxima expresión de Su misericordia:

“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos” (Ro 14, 8).

Pero el llanto y el gemido sincero de corazones humillados de todo Su pueblo, puede mucho:

“y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años” (Is 38, 3-5).

Fe

Fe

Él en su soberana potestad hará lo que estime hacer. El tiempo del rapto está a las puertas.

¿Qué rol desempeña Dios ante esta pandemia?

Creo que es una gran señal muy misericordiosa para despertar nuestra sensibilidad de que hoy es el tiempo de humillar nuestros corazones y cabezas, dejar nuestros egoísmos y de perdonarnos verdaderamente de todo corazón y estar listos cuanto antes para responder: ¡Heme aquí Señor!

En su segunda aparición en sueños a Salomón, Jehová su Dios le habló:

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2ª Cró 7,14).

Es decir, la distancia física, ni la pandemia no ha sido impedimento alguno para estar virtualmente presentes en reuniones presididas por nuestro superintendente, pastores y hermanos predicadores, mientras estamos en casa e incluso en nuestros propios trabajos materiales donde a la vez, tenemos la gran bendición de compartirles en directo o en retransmisión a nuestros propios compañeros de trabajo. Esto es ser realmente una voz de fe, de paz, de calma y tranquilidad, es la única certeza a la que podemos aferrarnos que está con nosotros y no debemos perder de vista esto, aunque estemos inundados por los afanes que a muchos los conduce al pánico:

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filip 4, 6-7).

CONCLUSIÓN:

Hoy más que nunca estamos en el mejor momento para recordar y testificar que nuestro Dios es nuestro refugio y que podemos acudir a Él en cualquier momento (Sal 46). Él nos ama en gran manera, no nos deja y está con nosotros en medio de estas circunstancias adversas cuidándonos, ayudándonos y renovándonos la fe, y mayormente dándonos Su paz y de contar con Él continuamente con Su fortaleza a nuestra fe. Ahora, es nuestra gran oportunidad de demostrar no ser cristianos de actitudes pusilánimes, sino que con gran fe y esperanza proclamemos las buenas nuevas de salvación para que una gran muchedumbre de almas se arrepienta y alcancen salvación y vida eterna.

Para la gloria, honra y alabanza de Dios.

Hno. Iván Pereira Morgenstern, Dr. En teología

BIBLIOGRAFÍA:

Biblia de Estudio Pentecostal, Versión Reina Valera, 1960, Editorial Vida.

Microsoft® Encarta® 2009. © 1993-2008 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

CIBERGRAFÍA:

Fe en tiempos de COVID-19 (Coronavirus) – Anglican Allianceanglicanalliance.org › fe-en-tiempos-de-covid-19-coronavirus

La fe ante el coronavirus. Por: José L. Caravias, S.J.jesuitas.lat › noticias › 1914-la-fe-ante-el-coronavirus

Contaminación producida por el tráfico – Wikipedia, la…es.wikipedia.org › wiki › Contaminación_producida_por_el_tráfico

9 efectos del humo de los coches sobre tu salud – Cuerpomentewww.cuerpomente.com › ecología › medio-ambiente › efectos-humo-…

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