Para prevenir la ansiedad es importante entender qué es y qué la produce. 

De acuerdo con Clark, D. y Beck A (2010) “la ansiedad es un sistema complejo de respuesta conductual, fisiológica, afectiva y cognitiva (es decir, a modo de amenaza) que se activa al anticipar sucesos o circunstancias que se juzgan como muy aversivas porque se perciben como acontecimientos imprevisibles, incontrolables que potencialmente podrían amenazar los intereses vitales de un individuo”. (p. 8) 

En este sentido, la ansiedad está orientada hacia el futuro y tiene como base la preocupación. El miedo como valoración automática básica de peligro constituye el proceso nuclear de todos los trastornos de ansiedad. 

De acuerdo con los autores anteriormente mencionados, los síntomas más comunes de la ansiedad son: 

Síntomas fisiológicos: Aumento del ritmo cardíaco, palpitaciones; respiración entrecortada, respiración acelerada, dolor o presión en el pecho; sensación de asfixia; aturdimiento, mareo, sudores sofocos, escalofríos; náusea, dolor de estómago, diarrea; temblores, estremecimientos; adormecimiento, temblor de brazos o piernas; debilidad, mareos, inestabilidad; músculos tensos, rigidez; sequedad de boca. 

Síntomas cognitivos: Miedo a perder el control, a ser incapaz de afrontarlo; miedo al daño físico o la muerte; miedo a la evaluación negativa de los demás; pensamientos, imágenes o recuerdos atemorizantes; percepciones de irrealidad o separación; escasa concentración, confusión, distracción; estrechamiento de la atención, hipervigilancia hacia la amenaza; poca memoria; dificultad de razonamiento, pérdida de objetividad. 

Síntomas conductuales: Evitación de las señales o situaciones de amenaza; huida, alejamiento; obtención de seguridad, reafirmación, inquietud, agitación, marcha; hiperventilación; quedarse helado, paralizado; dificultad para hablar. 

Síntomas afectivos: Nervioso, tenso, embarullado; asustado, temeroso, aterrorizado; inquieto, asustadizo; impaciente, frustrado. De acuerdo con Goleman, D. (1995) “las personas que se preocupan en exceso y de una manera crónica lo hacen con respecto a una amplia gama de asuntos, la mayoría de los cuales casi no tienen posibilidades de ocurrir; estas personas ven en la vida peligros que otros jamás perciben. (p. 90). 

El Vínculo entre la Ansiedad y la Enfermedad 

Todos sentimos preocupaciones y ansiedad debido a las diferentes presiones de la vida, pero debemos poner atención cuando ésta es excesiva, porque repercute no solo en la mente sino también en el cuerpo provocando numerosas enfermedades. De acuerdo con Colbert, D. (2006) “Una importante cantidad de dolencias físicas y enfermedades graves se han vinculado a la ansiedad, incluyendo enfermedades cardiovasculares, úlceras, síndrome de colon irritable, y enfermedades relacionadas con una función inmunológica disminuida. Una de las dolencias principales es el dolor de cabeza tanto de tensión nerviosa como la migraña” (p. 122). 

El Papel que Juegan Nuestros Pensamientos en la Ansiedad

La ansiedad, de acuerdo con Burns, D. (2019) es una consecuencia de “pensamientos negativos distorsionados en el aquí y en el ahora” (p.82). 

Es importante entender, que las diez formas de distorsiones cognoscitivas influyen en nuestro estado de ánimo causando ansiedad. Borkovec, mencionado por Goleman, D, (1995) descubrió algunos pasos sencillos que pueden ayudar a las personas que se preocupan en exceso controlen ese hábito: 

Conciencia de uno mismo: Captar los episodios inquietantes lo más pronto posible, idealmente en cuanto la fugaz imagen catastrófica dispara el ciclo preocupación-ansiedad. Se pueden controlar las claves de la ansiedad, aprendiendo a identificar las situaciones que disparan la preocupación, las imágenes o los pensamientos fugaces que inician esa preocupación. 

Métodos de relajación: Se pueden aplicar en el momento que se dan cuenta de que comienza la preocupación, practicándola diariamente para ser capaz de usarla en el momento, cuando más lo necesita.

Adoptar una postura crítica respecto a las suposiciones: ¿Es muy probable que el acontecimiento temido se produzca? ¿Existe una o ninguna alternativa de permitir que ocurra? ¿Realmente sirve de algo volver sobre estos mismos pensamientos ansiosos una y otra vez? 

Reemplazar el Pensamiento Distorsionado con la Palabra de Dios

Jesús, al hablar acerca del afán y la ansiedad (Mt 6.25-34) señala: “porque los gentiles buscan todas estas cosas” (v. 32) refiriéndose a la preocupación por la comida, el vestido, y el mañana. En cambio, a sus hijos les dice: “no os afanéis”. (v31). La Biblia nos enseña que echemos toda ansiedad en el Señor, porque él tiene cuidado de nosotros. (1 Pedro 5:7) Él desea que aprendamos a depender completamente de su provisión y cuidado hacia nosotros. Dios tiene el control de todas las cosas y nos afirma en Su palabra que Él es fiel a sus promesas. Cada vez que sintamos ansiedad, declaremos la palabra de Dios.” (De las Heras, 27 de enero de 2024, pp. 2-6)

 

Referencias Bibliográficas

  1. Apuntes del Prof. José Juan Sosa Morales.
  2. De las Heras, M. C. (27 de enero de 2024). Tarea 1 Plan Preventivo.  Síndrome de la Sobrecarga Adicto a la Adrenalina. Curso Matrix LER -Certificación Coaching Manejo Crisis y Estrés Módulo 2 CNS337- Universidad Cristiana Logos -UCL-  

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