Principios y valores de la escucha 

1- Sensibilidad: Ser perceptible a lo que el otro quiere decir, no sólo con su comunicación hablada sino también con su mensaje no verbal. Una persona sensible es alguien que sabe escuchar. 2- Respeto: Para escuchar es necesario practicar el principio del respeto mutuo, un principio de vida. Si respeto los sentimientos de la otra persona puede escuchar lo que me dice su corazón. Sólo cuando vemos que el otro ha terminado podemos comenzar hablar nosotros. 3- Entrega: Escuchar implica entregar tiempo, nuestro silencio, nuestras propias ganas de hablar en forma desbordada. Implica la capacidad de ser sensible a las necesidades del otro, tiene que ver con amar, dar de sí mismo y una alta disposición para atender. 4- Valoración: Este es un Valor alto y profundo, porque si no logramos valorar al otro ¿cómo lo vamos a escuchar? La genuina valoración implica conocer la necesidad de: Ser entendido, sentirse importante y ser tenido en cuenta. 5- Prudencia: Escuchar no implica quedarnos callados y no volver opinar, sino que la persona que sabe escuchar maneja el principio de la prudencia. Con el equilibrio queda la asertividad, sabe muy bien cuándo callar y cuándo hablar.

El perfil de quien escucha: la madurez 

El que escucha ha desarrollado una virtud llamada consideración, la cual le permite ver los asuntos de los demás como muy importantes y por encima de los propios.

  1. Los maduros en la escucha no emiten juicios, ni cambian con facilidad su disposición con pensamientos negativos como ¡Que pereza, ya llegó esta persona! 2. En caso de no poder atender a alguien en el momento, lo expresan con amabilidad y sin causar daño a la persona, ignorándola o con maltrato, sino con suficiente valoración y empatía. 3. La actitud madura implica no demostrar afán, ni pereza, agotamiento, ni distracciones. 4. Este nivel de escucha requiere autorregulación y autocontrol de la inteligencia emocional, hasta llegar al punto de convertirse en mentores de la gente. Les infunden mucho ánimo con sus palabras motivadoras, con gestos de afirmación o con sonrisas afectuosas. 5. Siempre están atentos para servir, conocer y tratar a otros. 6. A las personas que saben escuchar se les califica no solo de maduras, sino además de amables, gentiles y bien educadas.

La actitud del que escucha: la sabiduría Si escuchar es el resultado de callar, y callar es un principio propio de los sabios, entonces quienes escuchan son doblemente sabios. En la biblia vemos el ejemplo de Salomón quien habla en proverbios y Eclesiastés de los principios de la sabiduría. Vemos como el rey no se apresuró a tomar decisiones con lo primero que oyó, sino que puso en acción el discernimiento. Eclesiastés 12:9. Hasta el necio pasa por sabio e inteligente cuando calla y guarda silencio. Proverbios 17:28. El que mucha habla, mucha yerra; callar a tiempo es de sabios. Proverbios 10:19. También en el nuevo testamento observamos: Recuerden hermanos todos ustedes deben estar listos para escuchar, en cambio deben ser lentos para hablar y para enojarse. Santiago 1:19.

  La condición humana y la escucha según los perfiles y temperamentos personales 

Perfil 1: Motivador (sanguíneo) Nivel de escucha muy bajo

Perfil 2: Pragmático (colérico) Nivel de escucha bajo

Perfil 3: Perfeccionista (Melancólico) Nivel de escucha medio

Perfil 3: Perfeccionista (Melancólico) Nivel de escucha medio

Perfil 4: Pacífico (Flemático) Nivel de escucha alto

Perfil 4: Pacífico (Flemático) Nivel de escucha alto

Perfil 4: Pacífico (Flemático) Nivel de escucha alto

Cómo mejorar la habilidad de escuchar 

Los factores que determinan el impacto 

Clave 1: audífonos imaginarios, de alta fidelidad Para aprender a escuchar es necesario sentarse a escuchar como ejercicio práctico, físico, emocional e intelectual. Una clave efectiva es la de utilizar unos audífonos imaginarios gigantes. Pensar que uno se los pone, cuando alguien nos habla. Dirigir la mirada a la persona, concentrar toda la atención. El ejercicio implica que se deje de escuchar todo lo demás a nuestro alrededor y sólo atender a lo que las personas dicen, como si fuera un sonido amplificado. Este ejercicio puede resultar más fácil para los hombres.

Clave 2: apuntar en la agenda, como prioridad, la tarea de escuchar Si se logra convertir el ejercicio de escuchar en una obligación cotidiana, tan importante o mucho más que la de pagar los servicios del agua o el teléfono, a tal punto de programarla en la agenda; uno se verá obligado a cumplir y adquirir el hábito.

Clave 3: jugar a los castigos y premios por escuchar Es un ejercicio muy sencillo, en el que si uno logro del objetivo de ponerse los audífonos o cumplir la cita y escuchar se puede premiar con lo que más le gusta. Pero si no se cumple el objetivo, se deberá imponer un castigo voluntario, que además de una tarea particular, deberá incluir minutos adicionales de escucha.

Autora: Sonia González.

 

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