“Cada vez que pienso en el concepto de la herencia me da un ataque de urticaria y me pica todo el cuerpo…”  

… me dijo una señora en uno de mis viajes por el sur de Estados Unidos.  Tanto a nivel personal como ministerial, las experiencias positivas que he escuchado con respecto al tema de la herencia las podría contar con los dedos de una mano.

Sin embargo, la Palabra de Dios en 2 Corintios 12:14 nos dice: “… no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos”  (¡Un versículo que sus niños todavía no necesitan aprender de memoria!).  También el apóstol Pablo en su carta a Timoteo deja bien claro que aquél que “no provee para los suyos, mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”.

Así que, tengamos mucho o poco, usted y yo debemos sentarnos a pensar tarde o temprano (y más vale “temprano” que “tarde”), en cómo vamos a proveer para nuestra familia cuando el Señor nos llame a Su presencia.

Los latinoamericanos tenemos un miedo instintivo al tema de la muerte.  Nuestros antepasados indígenas adoraban a los muertos y nuestros antepasados hispanos y musulmanes tenían también sus ideas extrañas sobre la vida antes y después de la muerte.  Por cultura vivimos el “hoy” y dejamos que “mañana traiga su propio afán”.

Sin embargo, la cultura y la tradición no son excusas lo suficientemente fuertes como para desligarnos de la responsabilidad de pasar a nuestra familia bendiciones y no dolores de cabeza el día que nos vayamos con Jesucristo.

Recuerdo la triste historia del cuerpo de un hombre que tuvo que estar en el comedor de su casa por cuatro días extras porque había muerto inesperadamente y ninguna compañía quería enterrarlo sin que se pagara, por lo menos, el 50% de adelanto en los gastos funerales.  El hombre no tenía ningún tipo de seguro y la viuda no tenía los fondos para pagar los gastos.  

Así que, ahí se quedó hasta que los hermanos de la iglesia lo supieron, juntaron el dinero y pagaron los gastos.  ¿Una lástima?  ¡No!  ¡Una irresponsabilidad!:  ese hombre, con el 0,03% de su salario podría haber estado pagando un seguro de vida que hubiera provisto para todos los gastos funerales y algo más.

Usted y yo no sólo somos administradores de nuestras vidas, también somos administradores delante de Dios de la vida de nuestro cónyuge y la de nuestros hijos.  Ellos no son nuestros. Le pertenecen al Señor y el Señor nos los dió para que los cuidemos.  No podemos ser irresponsables.

Aquí van algunos consejos útiles para preparar a su familia para el día de su partida:

Preparando a la esposa.

Las estadísticas son diferentes de país en país, pero, en general nos muestran que los hombres tenemos muchas más posibilidades de preceder a nuestras esposas en el camino a la Patria Celestial.  Prepare a su mujer y manténgala informada de todos sus negocios.

En el Antiguo Testamento, no había problemas.  La mujer de uno pasaba a su hermano o al familiar más cercano.  En nuestros días, la cosa no es tan fácil… 

Pregúntese:  si yo paso a la eternidad hoy, ¿cómo sobrevivirá mi esposa?  ¿Tiene una carrera, una profesión?, ¿tenemos un negocio juntos, algunas inversiones? , ¿tengo un seguro de vida que le pueda proveer de algún dinero?,  ¿cuánto dinero necesitará cada mes para mantener nuestro nivel de vida? (probablemente, alrededor del 75% de las entradas netas que la familia tiene hoy en día).

Luego, escríbale una carta y colóquela en un sobre grande o portafolio junto con todos los papeles legales que ella necesitará cuando se halle sola.  En la carta usted le puede decir:

  1. Que no tome decisiones económicas serias por lo menos un año.
  2. Que no tome decisiones basadas en su “instinto” o en sus emociones.
  3. Que busque el consejo de otros hermanos en la fé con los que usted ya ha 

    hablado.

  1. Anímela en el Señor.

A continuación, hágale una lista de los papeles legales que usted ha guardado en el sobre o portafolio y explíquele, en detalle, qué es lo que tiene que hacer con cada uno de ellos.  Escribir todo eso le puede resultar tedioso a usted en este momento, pero cuando una mujer pasa por el shock emocional de haber perdido a su marido, necesita instrucciones claras y precisas… paso por paso.  Más de una herencia se ha derrochado porque la esposa no sabe cómo manejar un negocio o cómo disolverlo para sacar las ganancias.

Finalmente, haga una lista de todas las personas que ella debería contactar antes, durante y después del funeral.  Coloque el nombre, la dirección, el teléfono y en qué se ha comprometido a ayudar a su familia.  

No nos cuesta nada hablar a un familiar o a un exelente amigo y encargar en sus manos un aspecto específico del período de transición que su familia tendrá que pasar al perder a su padre (por ejemplo: encargar a alguien los preparativos del funeral y el entierro, encargar a otra persona el proceso legal del seguro de vida, a otra el proceso del testamento, nombrar a un buen amigo comerciante como asesor financiero familiar, etc, etc).

Un hombre que ama a su esposa debe estar comprometido en cuidarla y protegerla antes y después de su muerte.  Dios nos manda en el libro de Efesios a amarlas “como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella”.  Seamos responsables con el amor de nuestra vida…

Preparando a los hijos.

Si en su país se permite hacer un testamento o algún tipo de papel legal para evitar los impuestos y el trámite legal de la sucesión, ¡hágalo!  En Estados Unidos, el 80% de las personas mueren sin un testamento embarcando a sus familias en un trámite legal interminable y costoso, que incluye el famoso “impuesto a la muerte” que se le debe pagar al gobierno federal.  Estos gastos le podrían tomar ¡hasta el 40% de sus posesiones!

Cada año unos 2,500 millones de dólares van a parar a las arcas del gobierno norteamericano porque nadie sabe a quién les pertenecen determinadas posesiones o cuentas de bancos.  Aunque parezca ridículo, sin embargo, ¡el 90% de los abogados tampoco tienen un testamento al momento de su muerte!

De todas maneras, siempre le conviene investigar en su propia ciudad cómo establecer un fideicomiso, (un “trust fund” en EEUU), o algún tipo de documento legal que le permita beneficiarse al máximo de la ley y reducir notablemente los gastos de transferir sus bienes primero a su esposa y luego a sus herederos.  Estos documentos muchas veces también le permiten tomar decisiones con respecto a desconectar o no las máquinas respiratorias y el  cuidado que deben tener los médicos en caso de que usted quede en estado vegetativo.

Algunas personas creen que no tienen suficientes bienes como para preocuparse por crear un testamento o un fideicomiso.  Pero si usted es dueño de su propia casa, ya tiene suficiente como para preocuparse por hacer algún documento legal.

En muchos países latinoamericanos no se permite a los padres hacer un testamento ni decidir cuánto dinero o qué cosas les dejan a cada uno de sus hijos.  La experiencia, en muchos casos, es que este sistema termina provocando riñas, luchas internas y tensiones familiares.  

Si usted quiere, y a pesar de no ser un “documento legal”, usted puede escribir en un papel cómo le gustaría que se manejara el asunto de la herencia.  Pídale a sus herederos, luego, que honren su memoria concediéndole los deseos de su última voluntad.  Se asegurará, así, que el proceso del traspaso de bienes de padres a hijos en su familia se haga de una manera que glorifique el nombre del Señor.

También, si sus niños son pequeños, recuerde hablar con algún familiar de confianza para que se haga cargo de ellos en caso de que mamá y papá fallezcan al mismo tiempo.  De esa manera evitará que los niños anden como pelotitas de tenis en la casa de los familiares hasta que se resuelva su tenencia y la patria-potestad.  Si deja escrito sus deseos en su testamento le ahorrará dolores de cabeza a todo el mundo.

Finalmente, mantenga a sus hijos informados (dentro de lo posible), sobre sus asuntos económicos.   Ellos deberían saber dentro de qué colchón guarda sus ahorros (¡no vaya a ser que lo quemen cuando limpien la casa después del funeral!), a quiénes le debe dinero y quiénes le deben a usted.  Su seguro de vida debería tener lo suficiente como para pagar todas sus deudas y la educación de sus niños hasta los 18 años.

El mismo sobre o portafolio que armó para su esposa, entonces, les podría servir también a ellos.  Asegúrese que sepan dónde usted lo guarda.

El planear nuestra herencia y lo que pase después de nuestra muerte no es un tema inspirador para la mayoría de nosotros.  Pero no todas las responsabilidades son “inspiradoras”.  

Algunas, simplemente tienen la función de evitarnos un “ataque de urticaria”.

 

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