El inicio de un nuevo año abre puertas, impulsa evaluaciones personales y despierta la pregunta por la dirección que debemos tomar. La Escritura nos anima a vivir con intención: “Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16, RV1960). Este mandato no está orientado a producir ansiedad ni a imponer un ritmo inhumano, sino a inspirarnos a vivir con propósito. Para líderes cristianos, emprendedores, servidores y profesionales, este comienzo es una oportunidad para alinear el calendario con el corazón de Dios.

La importancia de metas con sentido

Tener metas no es un ejercicio secular; es una práctica profundamente espiritual cuando se hace desde la sabiduría. Lo ideal no es crear listas interminables que se abandonan en febrero, sino establecer prioridades realistas que puedan sostenerse durante todo el año. Una recomendación útil es definir tres direcciones esenciales: una para el espíritu, otra para la vida personal y otra para la comunidad.

  • Espiritual: cultivar una disciplina de oración, leer la Biblia con regularidad o integrarse a un grupo de estudio.

  • Personal: cuidar el bienestar físico y emocional con acciones alcanzables.

  • Comunitaria: involucrarse en un proyecto de servicio o liderazgo que aporte al entorno.

Cuando las metas están enfocadas y son medibles, es más fácil mantenerlas y adaptarlas conforme Dios va guiando el camino.

La flexibilidad como expresión de humildad

Una de las presiones más fuertes de enero es querer que todo salga perfecto. Sin embargo, la Biblia recuerda una verdad que alivia y reorienta: “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Santiago 4:15, RV1960). Planear sí es necesario, pero hacerlo con corazón rendido.

La flexibilidad no es falta de disciplina; es reconocer que la voluntad de Dios es mejor que cualquier agenda personal. Cuando una meta se retrasa o un proyecto se transforma, la fe nos invita a ajustar el rumbo sin sentir culpa. La vida cristiana se convierte así en un caminar continuo donde el control ya no es una carga, sino una entrega.

Dar propósito a cada espacio del día

No se trata de llenar la agenda, sino de ordenar el tiempo con intención. Una estrategia práctica es distribuir la semana en bloques de propósito. Este enfoque permite mantener claridad y equilibrio:

  • Bloques de estudio o trabajo con enfoque.

  • Bloques de descanso que protejan la salud integral.

  • Bloques de servicio donde se fortalezca la misión personal.

Esta forma de organización ayuda a redimir el tiempo y evita que las horas se diluyan en actividades sin dirección. La NVI expresa Efesios 5:15 de manera iluminadora: “Tengan cuidado de su manera de vivir; no vivan como necios sino como sabios” (NVI). La sabiduría se ve en la intención con la que usamos nuestros días.

Cultivar hábitos pequeños que construyen transformaciones grandes

El liderazgo cristiano no se sostiene únicamente con grandes decisiones, sino con prácticas diarias. Proverbios enseña: “Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia” (Proverbios 21:5, RV1960). La diligencia se desarrolla con hábitos modestos pero constantes.

Un capítulo bíblico al día, una caminata de veinte minutos, una conversación honesta con alguien cercano, o escribir una gratitud semanal, pueden parecer gestos sencillos, pero son semillas de crecimiento espiritual, emocional y profesional.

Los líderes que perseveran son aquellos que entienden que el carácter se forma lentamente, con constancia y con la guía del Espíritu.

Evaluar, agradecer y avanzar

No basta con comenzar bien; también es necesario revisar el camino. Dedicar un momento mensual para reflexionar sobre lo alcanzado permite identificar progresos, reconocer áreas débiles y ajustar metas.

La Escritura resalta el valor de la memoria espiritual. En el cántico de Jueces 5, se lee: “Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, ¡bendecid a Jehová!” (Jueces 5:2, RV1960). Recordar lo que Dios ha permitido fortalece la motivación, estimula la gratitud y alimenta la fe para los meses siguientes.

Un comienzo que nutre el liderazgo cristiano

Redimir el tiempo no es llenar la vida de actividades, sino vivir con dirección, equilibrio y dependencia de Dios. Este año puede convertirse en una oportunidad para crecer, ajustar, sanar y avanzar con propósito. Para líderes, emprendedores, docentes, estudiantes o pastores, estas prácticas no sólo ordenan la vida personal, sino que también fortalecen la capacidad de servir mejor a otros.

Comenzar el año con estas convicciones nos invita a caminar con disciplina espiritual, sensibilidad a la voluntad del Señor y apertura para los cambios que Él quiera hacer. Cada día se vuelve entonces un regalo y una misión: un espacio para redimir bien los tiempos.

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Por María del Pilar Salazar

Decana Académica 

Univ. Logos

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