Las redes sociales se han convertido en una plaza pública global donde cada voz puede hacerse escuchar. Lo que antes se limitaba a conversaciones privadas o discusiones en círculos reducidos, hoy se expone ante miles de personas con un simple clic. Este fenómeno ha traído oportunidades valiosas de comunicación y evangelización, pero también ha abierto la puerta a una nueva forma de guerra: discusiones virtuales donde incluso los creyentes se faltan al respeto. Se observa una carencia de etiqueta, de prudencia y de amor en el discurso, y no son pocos los casos en que se utilizan perfiles para difundir comentarios pagados o intencionados que buscan dividir.
Cuando el discurso pierde el espíritu de Cristo
El apóstol Pablo exhortó: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29, RV1960). Si trasladamos este principio al contexto digital, bien podríamos decir: ninguna publicación o comentario corrompido debería salir de nuestro teclado. Sin embargo, la realidad es otra: acusaciones, insultos, sarcasmos y descalificaciones son frecuentes incluso entre cristianos.
La pregunta es: ¿cómo hemos llegado a normalizar una cultura donde el creyente se permite decir en redes lo que jamás se atrevería a decir frente a frente? Las Escrituras advierten con claridad: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34, RV1960). La pantalla no es un escudo que justifique el pecado, sino un espejo que refleja lo que realmente habita en el corazón.
La ausencia de etiqueta cristiana
El respeto mutuo y la etiqueta en la comunicación no son un lujo, son una necesidad para quienes llevan el nombre de Cristo. El apóstol Pedro lo expresó con claridad: “Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo” (1 Pedro 3:8-9, RV1960).
Pero en la práctica digital, muchos creyentes responden con dureza, olvidando que la verdadera etiqueta cristiana no se mide en normas sociales, sino en el fruto del Espíritu: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23, RV1960). Cuando ese fruto no está presente en nuestras publicaciones, terminamos siendo parte del problema y no de la solución.
El poder de la lengua y del teclado
El libro de Proverbios enseña: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos” (Proverbios 18:21, RV1960). Hoy podríamos añadir que la vida y la muerte también están en poder del teclado. Una publicación puede edificar, pero también destruir. Puede ser bálsamo para el herido, pero también espada que hiere.
En este contexto, la responsabilidad del creyente es mayor. No se trata solo de abstenerse de participar en discusiones vacías, sino de ser intencionales en sembrar paz. Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9, RV1960). Un pacificador en redes sociales no es aquel que calla por miedo, sino aquel que responde con verdad y gracia, que sabe corregir sin herir y que elige edificar en lugar de destruir.
El peligro de los comentarios pagados
Otro fenómeno inquietante es la proliferación de comentarios pagados, creados con el propósito de dividir, manipular y confundir. Muchas veces estos mensajes se infiltran en foros cristianos, sembrando duda y generando enfrentamientos internos. El apóstol Pablo advirtió: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Corintios 11:13, RV1960). Si esto sucedía en los tiempos apostólicos, ¿cómo no habrá también quienes se disfracen tras un perfil falso para dañar la unidad del cuerpo de Cristo?
Ante ello, la iglesia debe estar alerta y recordar que no toda publicación con apariencia de verdad viene de parte de Dios. Es indispensable discernir y no caer en la trampa de responder a provocaciones cuyo fin no es edificar.
Un llamado a recuperar la dignidad en el diálogo
El verdadero creyente está llamado a ser luz incluso en la oscuridad digital. Esto implica aprender a guardar silencio cuando la respuesta no traerá fruto, y hablar con sabiduría cuando sea necesario. Como enseña Santiago: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19, RV1960).
La etiqueta cristiana en redes sociales no es una regla externa, sino la expresión de un corazón transformado por el evangelio. La revolución que necesita este tiempo no es la de más seguidores o más “likes”, sino la de un pueblo que vive la verdad con amor y que usa las plataformas digitales para reflejar a Cristo.
Conclusión
La guerra en redes sociales es real, pero la iglesia no puede caer en el mismo juego de la ofensa y la división. Nuestro llamado es a edificar, a honrar y a representar dignamente el nombre de Cristo en cada palabra escrita. El legado que dejemos no se medirá por la cantidad de publicaciones virales, sino por la huella de amor, paz y verdad que sembramos en los corazones. Que el fuego de Dios purifique nuestra comunicación antes de que las discusiones virtuales manchen el testimonio del evangelio.
Por María del Pilar Salazar
Decana Académica
Univ. Logos
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