Ofrendar y cambiar

(última entrega)

 

Las ofrendas son prueba del amor (1Juan 3,17).

Ofrendar… desprenderse de….

 

Dar a otro surge de un corazón amoroso, los apóstoles edificando sobre esta verdad, dan instrucciones claras sobre la ofrenda controlada por el Espíritu Santo.

Podemos ofrendar tiempo, amor, pero cuando hablamos de ofrendar económicamente o materialmente la mano tiende a cerrarse, al ser humano le cuesta desprenderse.

El individuo tiene que planear el dar regularmente es lo primero que debe de aprender. La buena mayordomía de los bienes personales tiene que ser programada sistemáticamente para que los fondos siempre estén disponibles para ofrendar (1 Cor. 16,2).

Este proceso de apartar dinero no debe realizarse con base en emociones, sino sobre un estudio concienzudo y regular que a su vez se basa en una evaluación acertada de la forma en que el Señor le ha prosperado.

Las ofrendas regulares deben incluirse en el presupuesto (2 Cor. 8,12). No consiste en confiar en Dios para darnos lo que no tenemos. Más bien, es él quien deposita su confianza en nosotros, sabiendo que vamos a planear con cuidado el uso de lo que tenemos.

Estableciendo prioridades

 

En el uso del dinero, nuestra responsabilidad primordial es suplir las necesidades materiales de otros creyentes (Gálatas 6,10).

Conscientes que nadie puede ofrendar para todas las causas, ni tratar de suplir adecuadamente todas las necesidades que le rodean, debe establecer prioridades para ofrendar.

Prioridades relacionadas con los beneficiados de la ayuda financiera, los siervos del Señor en primacía y después otros que tienen necesidad. El que ejerce el ministerio espiritual, debe ser sostenido por los aquellos que reciben beneficio de su ministerio.

Así mismo, establecer prioridad geográfica; debe comenzar con los más cercanos. En cada iglesia siempre habrán necesitados, ellos son el objeto principal del socorro de esa iglesia.

Una vez que se ha suplido la necesidad de ellos, la caridad puede extenderse más allá del grupo local y normalmente se dirigirá hacia las necesidades más conocidas por el que ofrenda.

Así mismo, existen oportunidades especificas donde el Señor ha permitido tener el dinero y da conocimiento de una necesidad que se puede suplir.

Concientizar y superar la desigualdad

 

Existe una desigualdad económica entre los países ricos e industrializados del hemisferio norte y los países pobres y en vías de desarrollo del llamado Tercer Mundo, ubicados mayormente en el hemisferio sur.

Tenemos que concientizar como cristianos acomodados y solventes del Primer Mundo la responsabilidad con los países pobres del sur. Sobre todo, teniendo en cuenta el grado de culpabilidad que los países del norte ostentan en relación con las situaciones de precariedad y desigualdad económica de los países del sur.

Al desigualdad está enraizada en la época colonial, las grandes potencias explotaron a los países colonizados del sur y fomentaron el surgimiento en ellos de una clase política corrupta y colaboracionista dispuesta a vender su país para obtener privilegios personales.

Dicha clase política una vez obtenida la independencia heredaron el poder y continuaron de manera exacerbada con la pauta de explotación y corrupción aprendida de las potencias coloniales.

En la actualidad el colonialismo económico continua siendo ejerciendo por las potencias en los países del Tercer Mundo mediante la dependencia económica que éstos tienen de aquellos.

De la mano con la consecuente explotación de sus recursos para el beneficio de grandes industrias y corporaciones multinacionales y de la red de entidades que conforman el sistema financiero internacional con sede en el Primer Mundo.

Nuestras acciones aun cuando pueden parecer pequeñas han de ir orientadas a disminuir las diferencias económicas y sociales que propician la pobreza y minusvalía en la vida de nuestros hermanos.

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