Vivimos en una época donde los cambios se aceleran a una velocidad vertiginosa. Lo que hoy es novedoso, mañana puede quedar obsoleto. Los mercados fluctúan, las tecnologías se reinventan y los planes personales o ministeriales deben adaptarse constantemente. Estos cambios, aunque inevitables, suelen provocar incertidumbre, miedo o agotamiento. Sin embargo, desde la fe cristiana, cada cambio puede convertirse en una oportunidad divina para crecer, madurar y servir mejor.
Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16, RV1960). En tiempos de inestabilidad, esta palabra cobra un valor especial. No se trata solo de resistir los cambios, sino de reflejar el carácter de Cristo en medio de ellos. La luz que el Señor nos confía debe seguir brillando, aunque el entorno parezca confuso.
El propósito no cambia, aunque cambien los tiempos
Una visión eterna da dirección cuando todo parece moverse. Pablo escribió: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10, RV1960). Este versículo nos recuerda que los proyectos humanos pueden variar, pero el propósito divino permanece inmutable.
Cuando comprendemos que fuimos diseñados para cumplir una misión eterna, los cambios externos dejan de intimidarnos. Podemos adaptarnos sin perder la esencia. Así, el creyente o el líder cristiano que vive con visión eterna entiende que los cambios no son interrupciones del plan, sino parte del entrenamiento de Dios.
A veces el cambio duele. Requiere despedirse de etapas conocidas, de personas o de estructuras que daban seguridad. Pero también abre puertas a nuevos escenarios donde Dios desea manifestarse. En cada transición, el Señor sigue obrando, incluso cuando no lo vemos con claridad.
Evitar la monotonía, abrazar el dinamismo
Curiosamente, los cambios también son una medicina contra la rutina. El alma se adormece cuando todo es predecible. La monotonía apaga la creatividad y debilita la pasión por servir. En cambio, los tiempos de transformación mantienen viva la dependencia de Dios, nos obligan a escuchar Su voz con más atención y nos hacen humildes al reconocer que no lo controlamos todo.
Por eso, los líderes cristianos y empresarios de fe no deben temer al movimiento constante. Cada desafío puede reavivar la fe, despertar la innovación y renovar la visión. Lo importante no es cuánto cambie el entorno, sino qué tanto dejamos que el Espíritu Santo renueve el interior.
Mantener la pasión por servir en la incertidumbre
Los contextos inciertos son los que más revelan de qué está hecho el corazón. Quien sirve solo cuando las condiciones son ideales demuestra compromiso con el resultado; pero quien persevera en medio de la incertidumbre, demuestra amor por el Señor.
Para mantener viva la pasión en tiempos de cambio, conviene fortalecer algunos hábitos esenciales:
- Meditar diariamente en la Palabra de Dios, para alinear los pensamientos con la verdad eterna.
- Cultivar la vida devocional, orando y adorando con sinceridad, incluso cuando el ánimo flaquea.
- Congregarse con constancia, porque los creyentes crecen cuando caminan juntos.
- Buscar consejo y comunión con otros líderes, aprendiendo de sus experiencias y compartiendo las propias.
Estos principios sencillos se convierten en anclas firmes. Son recordatorios de que nuestra fe no depende de la estabilidad del mundo, sino de la fidelidad de Dios.
Esperanza activa en medio del cambio
Cada tiempo de transformación puede ser también un tiempo de renovación espiritual. El Señor sigue levantando hombres y mujeres con visión eterna, capaces de servir con pasión en medio de las circunstancias más difíciles. Cuando un líder mantiene viva su comunión con Dios, su entorno percibe esperanza, y su luz brilla con más fuerza.
Para quienes deseen profundizar en esta renovación espiritual, aún tenemos los últimos cupos, y por ello les invitamos a participar en Aviva la Pasión Colombia, la Conferencia Internacional de Formación Ministerial y Académica, auspiciada por la Universidad Cristiana Logos. Este espacio no solo ofrece enseñanzas profundas, sino también herramientas prácticas y acompañamiento para mantener vivo el fuego interior, fortalecer la vida devocional y crecer junto a otros hermanos en la fe.
Podrán participar presencialmente en Colombia o virtualmente, según su disponibilidad. Que esta oportunidad sea un nuevo comienzo para encender la pasión espiritual y caminar con esperanza y plenitud.
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Por María del Pilar Salazar
Decana Académica
Univ. Logos
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