Contexto

Estamos en el año 67 d.C., en el famoso Coliseo romano. Este lugar, conocido por sus espectáculos sangrientos, está repleto de espectadores que se acomodan en las gradas de piedra. El murmullo de las voces se convierte en un clamor de emoción a medida que la anticipación crece por lo que está a punto de ocurrir. Todos quieren ver la lucha entre gladiadores y fieras.

Sin embargo, en el subsuelo del Coliseo, la atmósfera es muy diferente.

Los Gladiadores se Preparan

En las áreas subterráneas, los gladiadores afilan sus armas, pulen sus escudos y se aseguran de que sus armaduras estén en perfecto estado. Algunos realizan movimientos de combate en el aire, flexionando los músculos en un intento de prepararse para el inminente encuentro. Su tensión es palpable, pero su determinación es aún más fuerte.

De repente, un centurión romano irrumpe en el ambiente con su voz autoritaria. “¡Ya están listos para ustedes allá afuera! ¡No les haremos esperar más! Vamos a ver… ¿con quién empezamos?”

Una Sorprendente Intervención

En ese momento, una voz resuena entre los gladiadores. “Prefiero salir yo primero”.

El centurión se vuelve sorprendido y pregunta: “¿Y quién es usted?”

“Soy uno de los cristianos”, responde el gladiador con firmeza.

El centurión, incrédulo, replica: “Ah, sí. Te encontraron entrando en una catacumba. ¿Quieres ser el primero? ¿No sabes que vas a enfrentarte a las fieras?”

El gladiador responde con tranquilidad: “Sí, soy consciente de ello.”

El centurión, intrigado, pregunta: “Entonces, ¿por qué esta prisa? ¿Tienes ganas de morir?”

Una Perspectiva de Vida y Muerte

“No es eso”, explica el cristiano. “Es que estoy listo para pasar a la eternidad, y ustedes no lo están. Prefiero salir primero y darles unos minutos a todos los demás para que se preparen, porque después de hoy, todos irán al cielo o al infierno.”

“¿Qué quieres decir con eso?” interroga el centurión.

El gladiador continúa: “Después de la muerte, algunos pasarán a la presencia de Dios y entrarán en el Reino de los Cielos. Son aquellos que conocen a Cristo como su Señor y Salvador. Se han arrepentido y han puesto su confianza en Él. Por otro lado, quienes no conocen la salvación que Cristo ofrece al morir en nuestro lugar, los que se niegan a seguirle y desean continuar en el pecado, irán al Hades, la antesala del Juicio Final.”

Un Desafío Personal

El centurión se burla: “Muy bien, listillo. ¿Cómo sabes que tú no irás al infierno? ¿Te crees mejor que los demás?”

“Por el contrario”, responde el cristiano con humildad. “Soy un pecador. He reconocido mi condición y sé que no puedo entrar en el cielo por mis propios méritos. Por eso, recibo agradecido el regalo de la salvación que Cristo me ha ofrecido al morir en la cruz por mis pecados. Él es perfecto y me otorga Su perfección a cambio de recibir el castigo que yo merezco”.

El centurión parece sorprendido. “¿Quieres decir que era perfecto? Le crucificaron”.

“No”, aclara el gladiador. “Digo bien: ‘es perfecto’. Resucitó entre los muertos y, porque Él vive, yo también viviré. Él pagó por mí. No me creo mejor que ustedes. De hecho, puede que sea peor que muchos aquí, pero Dios me ha perdonado porque he puesto mi fe en lo que Cristo hizo por mí”.

La Esperanza para Todos

“¿Puede Él perdonarme a mí también?” pregunta uno de los presentes, interesado.

“Si depositas tu fe en Él y te apartas del pecado, hoy mismo te recibirá en Su reino. Aunque mueras hoy, resucitarás. Pero no te demores. Te queda poco tiempo para arreglar cuentas con Dios antes de entrar a la eternidad. Y a todos los que están escuchando esta conversación, les animo a que se vuelvan a Dios de sus pecados y confíen en Cristo”.

El centurión, impaciente, interrumpe: “Menos charlas. La audiencia no se hace esperar y tú pasas a ser la primera estrella del espectáculo”.

El cristiano, con una calma inexplicable, responde: “Lo sé: ‘Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad’” (Daniel 12:3).

 

Reflexiones Finales

La historia del gladiador nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida y fe. Aunque se encontraba en una situación de vida o muerte, su enfoque estaba en la eternidad y en la salvación que se encuentra en Cristo.

Hoy, se nos plantea la misma pregunta: ¿estamos listos para enfrentar la eternidad? La decisión que tomemos puede determinar nuestro destino final. Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de aceptar el regalo de la salvación. No esperemos a que sea demasiado tarde.

El tiempo es un recurso valioso. La vida es efímera, y el momento de decidir es ahora.

https://youtu.be/-Sr_BtB4FOY?si=o0311gA0RaFPzQPW

 

Andrés Díaz Russell

Coordinador del programa

“ALGO DIOS VA A HACER”

Youtube: https://youtube.com/@algoDiosvaahacer

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